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Mostrando entradas de enero, 2015

La pista escondida del disco

Fragmentos fluctúan en el silencio del tiempo infinito.
Rápido corre el reloj del cosmos, los minutos se convierten en eras, los cielos vuelven al punto de partida. Se despeja la oscuridad dominante, vuelve a reinar la luz. La interminable espera es interrumpida. Una nueva chispa enciende el motor, una virginal voz rompe el silencio. Es el grito de un corazón palpitante, el punzante sonido del renacimiento.
El primer vagido del mundo.
Aún giran las manecillas, Lo basto se refina, lo encorvado se alza, el árbol del conocimiento restituye el saber, atávicas memorias sugieren el camino y guían lo desconocido. El rebaño seguirá a su pastor, despreocupado del recorrido. Aceptará la comida de buen grado, no se interrogará sobre los ingredientes.  El nuevo comienzo trae consigo crípticos e indescifrables signos, milenarias preguntas, como siempre ha sido. Pero con fuerza, los dientes del piñón empujan los de la corona; y el engranaje está de nuevo en movimiento.
Y todo vuelve a su sitio.
Un pa…

Llamando a las puertas del armario

Lo normal sería hablar sólo de que la homosexualidad se puede definir como atracción sexual hacia individuos del mismo sexo, que a los homosexuales masculinos se les llama gays y a las mujeres homosexuales se les llama lesbianas, y añadir algunas estadísticas al respecto encontradas en Internet que dicen que aproximadamente del 15 al 20% de los hombres y un 6% de las mujeres son homosexuales. ¿A quién le importa?
¿A quién tendría que importarle? ¿Cuantos más sean, más los aceptaremos?
¿Es que están prohibidas las minorías? Los indios de las Grandes Praderas Americanas tenían cuatro sexos perfectamente asumidos en la sociedad: los hombres que hacían de hombres (guerreros y cazadores), las mujeres que hacían de mujeres (cuidaban de los niños y del poblado), los hombres que hacían de mujeres (también cuidaban a los niños y al poblado), y las mujeres que hacían de hombres (también guerreras y cazadoras). Y todos felices.
Esto es de lo que hay que hablar, y no de la catastrófica historia de…